Fiesta privada

“Fiesta privada”

(One-Shot de Khira)

El inesperado flash de una cámara hizo que su sonrisa se congelara. Bill detuvo su charla, frunció el ceño y observó al fotógrafo, quien nada más tras obtener su preciada instantánea desapareció entre la multitud que llenaba el inmenso salón.

—¿Qué ocurre? —preguntó su interlocutor.

—Un fotógrafo —murmuró Bill—. ¿Qué demonios hace un fotógrafo en una fiesta privada?

—Quizás sea un amigo de Oliver.

—Amigo o no, nos ha sacado una foto que a buen seguro estará mañana en toda la prensa digital alemana.

—¿Y eso te preocupa?

Bill sonrió de forma maliciosa.

—La verdad es que no. Al contrario, será divertido leer todos los comentarios que mis fans realizarán sobre ti.

Bushido también sonrió.

—Comentarios no muy benévolos, me temo.

—No suelen serlo.

—Me parte el corazón saberlo.

Ambos rieron. Bill dio un sorbo a su bebida, consciente de que aquella noche ya había bebido mucho. Pero iban a quedarse a dormir en el mismo hotel donde se celebraba la fiesta, ¿qué podía pasar?

—Aunque yo creo que se hablará más de tu nuevo look, que el que hayamos coincidido en esta fiesta —continuó Bushido.

Instintivamente Bill miró hacia una de las ventanas con cristales tintados del salón. Ni él mismo se había acostumbrado todavía a su nueva imagen. Su cabello, que antes siempre llevaba suelto ya fuera liso o encrespado hacia arriba, ahora estaba recogido en una coleta baja, al igual que sus recién estrenadas rastas blancas, y la frente totalmente despejada. En cuanto al maquillaje, llevaba sombra de ojos color teja, en lugar del negro habitual.

—Puede ser —asintió Bill—. Aunque las rastas ya me las vio todo el mundo gracias al querido paparazzi que nos siguió en las Maldivas… —añadió irónico.

En ese momento un hombre de la misma edad y apariencia que Bushido se acercó a ellos y le colocó una mano en el hombro al rapero.

—Perdonad que os interrumpa. Anis, te están buscando.

—¿Quién? —preguntó Bushido.

—El productor con el que tienes esa conversación pendiente. Está en el hall.

—Ok. —Bushido miró a Bill—. Lo siento Bill, tengo que irme un momento.

—No te preocupes —dijo Bill—. Te veo luego, «Anis»… —añadió arrastrando con tono divertido y coqueto la última palabra.

Bushido, que casi ya se había dado la vuelta, le dirigió una última mirada que Bill no supo interpretar. El muchacho se sonrojó y se preguntó si había ido demasiado lejos al llamar al rapero con su nombre de pila con tanta familiaridad.

Cuando se quedó solo miró a su alrededor en busca de la persona con la que había acudido a la fiesta: su hermano Tom. No tardó en encontrarle. Tom estaba a pocos metros de él, sentado —más bien despatarrado— sobre uno de los sofás de cuero negro que estaban distribuidos por todo el salón, solo, y mirándole con una expresión muy seria.

«¿Y ahora qué le pasa a éste?», se preguntó Bill.

Anduvo hacia él con paso elegante y se sentó a su lado.

—¿Qué pasa, Tomi? ¿Te aburres? —le preguntó.

—¿Qué mierda hacías con Bushido? —le espetó Tom de malas maneras.

Los ojos de Bill se abrieron más de lo normal, claramente sorprendido por el tono de su gemelo.

—Pues estaba charlando con él, ¿acaso no era evidente?

Tom bufó, de una manera que Bill odiaba, en plan «siempre tengo que explicártelo todo».

—Me refiero a por qué estabas hablando con él.

Fue el turno de Bill de bufar.

—Estaba hablando con Bushido porque él ha venido a hablar conmigo. ¿Qué querías que hiciera, que pasara de él?

—Ésa habría sido la opción correcta.

Bill puso los ojos en blanco. Apoyó la espalda en el sofá y bebió otro sorbo a su bebida.

—Es que no entiendo que le sigas el juego, después de todo lo que ha dicho de ti —continuó Tom con un tono más suave, pero su comentario molestó igualmente a Bill.

—¡Yo no le sigo ningún juego! —replicó el cantante—. Sólo soy amable con él porque él lo es conmigo…

—Es amable contigo hasta que te das la vuelta —interrumpió Tom—. Entonces se dedica a pregonar lo mucho que le gustaría tenerte de rodillas…

—¡Ya vale, Tom! —exclamó Bill. No le gustaba mantener esa conversación con su hermano, le hacía sentir muy incómodo—. ¡Todo eso no era más que una broma!

Tom le miró fijamente antes de hablar de nuevo.

—Eres muy ingenuo si piensas eso, Bill.

Sin saber muy bien por qué, Bill sintió que se ruborizaba hasta las orejas. Culpó al alcohol de su fácil sonrojo y decidió que por aquella noche era suficiente, dejando su vaso aún medio lleno en una mesa junto al sofá. Es más, decidió que por aquella noche ya era suficiente de todo. Se levantó.

—¿A dónde vas? —preguntó Tom.

—Me voy a dormir.

—¿Ya?

—Sí.

Esperó un segundo por si Tom se ofrecía a retirarse junto a él, al mismo tiempo que tenía la sensación de que Tom estaba esperando a que fuera él quien se lo pidiera. Pero Bill no se lo pidió, y Tom tampoco se ofreció, por lo que al cantante no le quedó otra que despedirse de su hermano allí mismo.

—Te veo mañana —murmuró.

—Sí… Hasta mañana —dijo Tom.

Bill buscó con la mirada a Oliver; era el anfitrión y tenía que despedirse al menos de él. Lo vio en un rincón hablando con una chica rubia y allí se dirigió.

Oliver Pocher no le insistió mucho para que se quedara, al fin y al cabo ya eran las tres de la mañana y muchos se habían retirado ya. Bill se despidió de él con un afectuoso apretón de manos y se dirigió a la salida del salón.

Justo había cruzado la puerta cuando se topó con Bushido que regresaba.

—Ah, hola… Bueno, adiós —dijo Bill forzando una sonrisa incómoda. La conversación con su hermano respecto al rapero le había dejado muy mal sabor de boca.

—¿Ya te vas? —preguntó Bushido.

—Sí, eh… Estoy un poco cansado, y mañana nos vamos pronto de vuelta a Hamburgo, así que…

«¿Por qué me estoy justificando?», se preguntó Bill.

—Oh, lo entiendo. Te acompaño hasta la habitación si quieres.

Bill se quedó boquiabierto sin saber qué decir. ¿Acompañarle a la habitación? ¿Qué ofrecimiento era ése?

—No… No hace falta… —balbuceó.

—Claro que sí, ¿habéis dejado los guardaespaldas fuera, verdad?

—Sí, pero nos recogen mañana…

—Pero quién sabe quién podría haberse colado en el hotel. Te acompaño, ¿vale? No es ninguna molestia para mí.

Aunque lo que decía Bushido tenía algo de sentido, Bill estaba convencido de que las intenciones del rapero eran otras. ¿Pero cuáles…?

Tenía que reconocer que tenía curiosidad por saberlo.

Aunque en el fondo, ya lo supiera. Pero su mente no estaba preparada para reconocerlo.

—Está bien… —accedió.

Bushido sonrió, complacido.

—¿Cuál es tu habitación? —preguntó.

—La 569 —respondió Bill.

—En el quinto piso pues. Vamos, los ascensores están por aquí.

Y Bill dejó que Bushido le guiara a través del enorme hall. Uno de los ascensores esperaba abierto en la planta y entraron en ése. El rapero apretó el botón de la quinta planta, las puertas metálicas se cerraron y el ascensor se puso en marcha.

Al encontrarse de pronto en un espacio tan reducido con la única compañía del rapero, Bill empezó a ponerse nervioso.

«Esto es absurdo», se dijo a sí mismo, sin dejar de mirar fijamente las puertas cerradas del ascensor. «Sólo es Bushido. No va a pasar nada. No va a hacerme nada. Es un tipo violento, sí, pero a mí no me hará nada. No tiene motivos. Nos llevamos bien…»

De pronto la voz de Tom resonó en su cabeza.

«»Es amable contigo hasta que te das la vuelta. Entonces se dedica a pregonar lo mucho que le gustaría tenerte de rodillas…»»

Bill tragó saliva. «Esto es absurdo», repitió mentalmente.

—¿Bill?

La voz de Bushido le sacó de sus pensamientos. Las puertas ya estaban abiertas y el rapero estaba en el umbral, con una mano en el sensor para que no se cerraran.

—Oh, perdón —dijo saliendo del ascensor—. Me había quedado ensimismado.

—Por aquí —dijo Bushido guiándole por uno de los lujosos pasillos.

A los pocos segundos estaban detenidos frente a la puerta 569, muy cerca uno del otro.

—Llegamos —dijo Bushido.

—Sí… —Bill echó la mano atrás, en busca de la tarjeta que llevaba en la parte trasera de sus ajustados pantalones—. Gracias por acompañarme…

—De nada.

Bill se quedó con la tarjeta en la mano, aún sin intenciones de abrir la puerta de su habitación.

—Supongo que ya nos veremos… —dijo a modo de despedida.

Pero Bushido, tal y como inconscientemente se temía, no tenía intenciones de despedirse tan pronto.

—¿No vas a dejarme pasar un rato? —preguntó el rapero con una sonrisa extraña en los labios.

Bill parpadeó rápidamente varias veces, tratando de reaccionar a esas palabras.

—¿Por qué… iba a dejarte pasar…? —cuestionó finalmente.

—No lo sé. —Bushido apoyó una mano en la jamba de la puerta y se inclinó un poco hacia Bill—. ¿Por qué ibas a dejarme pasar…? —repitió en un tono excesivamente… confidente.

«Sólo le falta guiñarme un ojo», pensó Bill.

Pero esto no podía estar ocurriendo. Tenía que ser otra de las bromas del rapero. Sí, Bushido se estaba riendo de él, y esta vez en su cara.

Y no lo iba a consentir.

—Claro, pasa si quieres —dijo con falso tono distendido—. Te invito a una copa del minibar…

Bushido alzó una ceja, pero no dijo nada. Esperó a que Bill pasara la tarjeta por el lector, y entró tras él en la habitación.

Sin mirar atrás, Bill se dirigió directamente al minibar. El corazón se le estaba acelerando, y no era para menos.

Estaba a solas en una habitación de hotel con el mismísimo Bushido.

Abrió la pequeña nevera y sacó dos botellines de cerveza, que cogió con una sola mano. Cerró y fue a darse la vuelta, cuando se encontró frente a frente con Bushido, quien sin darle tiempo a reaccionar le rodeó fuertemente de la cintura y atrapó sus labios con fiereza.

Bill jadeó por la sorpresa y las dos cervezas cayeron al suelo. Por suerte había moqueta y las botellas no se rompieron.

—¡No…! —gimió al mismo tiempo que intentaba separase del rapero, colocando sus antebrazos entre los pechos de ambos, pero no consiguió mucho.

Bushido le empujó hacia la pared y volvió a apoderarse de su boca. Cuando Bill trató de protestar de nuevo, Bushido aprovechó que había entreabierto los labios para colar su lengua entre ellos.

Las piernas de Bill empezaron a temblar y sus brazos a perder fuerza. Hacía años, tres para ser exactos, que no había besado a nadie, y la sensación, después de tanto tiempo, le resultaba chocante. Además, el beso que estaba recibiendo en esos momentos no tenía nada que ver con los que él había dado en el pasado. Bushido no era ninguna chica tímida de piel suave con las que había practicado durante su pre adolescencia; Bushido era un hombre que le estaba comiendo la boca de forma más bien ruda, y para colmo su barba de dos días picaba, pero Bill… Bill estaba perdiendo la cabeza con ese beso.

Sin pensar, Bill relajó su cuerpo y dejó de oponer resistencia, dejando que Bushido pegara del todo sus cuerpos e hiciera lo que quisiera con él, disfrutando de esa húmeda exploración a la que estaba siendo sometida su boca, hasta que instintivamente empezó a responder el beso, moviendo los labios y chupando los de Bushido, y su lengua en cuanto tenía ocasión.

No fue hasta que notó una mano de Bushido acercarse a «zona peligrosa» que Bill reaccionó y el peso de lo que estaba sucediendo cayó sobre él como una losa. El cantante atrapó inmediatamente la muñeca del rapero y rompió el beso, aprovechando para coger aire.

—¡Para! ¡¿Qué diablos haces…?!

Bushido sonreía y le miraba con altanería.

—Nada que tú no quieras.

—¿Qué? ¡Yo no quiero esto!

—Pues para no quererlo, bien que me has metido la lengua hasta la campanilla.

Bill se sonrojó furiosamente. Podía sentir sus propios labios hinchados y mojados en saliva.

—¡Has empezado tú! —exclamó de manera infantil.

—Porque sé que tú no habrías tenido los cojones. Y ahora admite que querías esto. Que es lo que querías desde el principio…

—¿Pero qué dices…?

—Digo que si otro hombre contara en público que le gustaría que yo le chupara la polla, no le reiría la gracia; le buscaría y le partiría la cara. Y, desde luego, no le sonreiría cada vez que me lo encontrara en una entrega de premios o en una fiesta. Reconócelo, Bill. Te gustó que dijera eso de ti: te sentiste halagado. Es más… te pusiste cachondo sólo de pensar en cumplir mi deseo.

La mano de Bushido volvió a moverse, Bill jadeó e intentó de nuevo frenar su avance, pero no tenía fuerza suficiente, y ésta seguía ascendiendo por la cara interior de su muslo con un claro objetivo.

—No… No es cierto…—musitó sin mucha convicción. De hecho, sí que se había sentido en cierta manera halagado al ver ese vídeo. Pero luego se había obligado a sí mismo a no pensar en las ambiciones del rapero.

—¿Ah, no? ¿Como tampoco es cierto que estés cachondo ahora mismo?

La mano de Bushido se posó finalmente en su entrepierna, apretando el bulto que allí se había formado. Bill jadeó otra vez, de forma agónica, y clavó sus uñas en la muñeca del rapero. Cerró los ojos.

—Suél… Suéltame…

—¿Por qué? ¿No se siente bien?

«Demasiado bien…»

—¡No! —mintió.

Bushido volvió a apretar.

—¡Dios!

Bill cesó en su intento de alejar la mano de Bushido de su entrepierna, y en su lugar se aferró a los brazos del rapero, ya que sentía que en cualquier momento las piernas iban a dejar de sostenerle. Claro que estaba cachondo, pensó, si hacía años que nadie le tocaba, y encima era apenas aún un adolescente hormonado. Se masturbaba a menudo, sí, pero eso no tenía comparación con compartir la excitación con otra persona, con el calor del contacto humano. Y Bushido desprendía mucho calor.

Bushido quemaba.

El muchacho inspiró hondo y echó la cabeza hacia atrás, tratando de analizar la situación. Pero no había mucho que analizar. Estaba claro que Bushido pretendía excitarle y lo había conseguido. Así que… ¿por qué no dejarle seguir…? Su curiosidad se había multiplicado por mil.

Aprovechando que Bill ya no parecía tener intención de resistirse, Bushido volvió a acortar distancias, esta vez colocando sus labios sobre el cuello del cantante, y empezó a desabrochar sus ajustados pantalones.

El cuerpo entero de Bill se tensó, pero sólo jadeó en silencio, expectante.

—Buen chico… —susurró Bushido contra la sensible piel de su cuello. Acto seguido le mordió suavemente, provocándole un feroz estremecimiento—. Y ahora, tengamos nosotros nuestra propia fiesta privada…

Una vez desabrochados los pantalones, Bushido se los bajó juntamente con la ropa interior hasta medio muslo, dejando la erección del cantante al descubierto.

Con los ojos aún cerrados, Bill aguantó la respiración. Y cuando Bushido le rodeó por fin con los dedos, apretando lo justo, el muchacho exhaló un suspiro agudo. Dos segundos después, la mano del rapero empezó a moverse bruscamente, y Bill casi gritó.

Abrió los ojos, con la vista algo nublada por el repentino placer. Vio que Bushido sonreía con una mueca burlesca, pero no le importó. Cerró los ojos y se concentró en disfrutar.

No era la primera vez que otra persona le hacía una paja, pero al igual que con el beso, los seguros y expertos movimientos de Bushido no tenían nada que ver con las temblorosas sacudidas con las que le había obsequiado su última novia, también hacía ya tres años. Bill se mordía el labio inferior para no aullar de puro gusto.

De pronto los movimientos cesaron y Bill abrió los ojos, interrogante. Bushido seguía sonriendo y, esta vez, la sonrisa se le antojó diabólica.

—¿Por qué paras…? —preguntó intentando parecer despreocupado, sin éxito.

—Porque no vas a ser tú el único que disfrute, ¿no?

Bill bajó la mirada, hacia el bulto que sobresalía de los pantalones de Bushido como una tienda de campaña, y tragó saliva.

—¿Qué quieres?

—De momento, lo mismo…

Bill intentó no pensar en ese «de momento». Por suerte había llegado a ese punto en que dejar de pensar resultaba muy fácil, estaba demasiado cachondo para ello. Así que simplemente hizo lo que Bushido le pedía que hiciera si quería que continuara masturbándole.

Dirigió sus manos a la cinturilla del pantalón del rapero, maldiciéndose interiormente por no poder conseguir que éstas no le temblaran. Desabrochó el botón y bajó la cremallera. La ropa interior de debajo era de color verde oscuro. Bill inspiró hondo e introdujo la mano derecha por debajo de la cinturilla de los bóxers, y un nuevo estremecimiento le recorrió entero cuando rodeó con sus dedos la carne dura y caliente. Se quedó quieto por unos instantes.

—¿A qué esperas? —preguntó Bushido.

—No me metas prisa, ¿vale? Es la primera vez que hago esto… —respondió a la defensiva sin mirarle.

—¿Es la primera vez que tocas la polla de otro?

Bill estuvo a punto de responder «no», pero se calló justo a tiempo. Él se refería a que era la primera vez que iba a masturbar a otro tío. Tocar la polla de otro, como había expresado Bushido, sí lo había hecho: se la había tocado a Tom en la piscina de sus abuelos cuando tenía diez años. Para él no fue más que una broma, aunque Tom no se lo tomara tan bien. Prefirió no mencionarle esa anécdota al rapero.

—Sí… —mintió.

Inspiró hondo otra vez y deslizó la mano hacia arriba, rozando la punta. Bushido emitió un gruñido que se le antojó de aprobación. Más confiado, volvió a deslizar la mano, esta vez hacia abajo, y luego otra vez hacia arriba.

De pronto, Bushido volvió a acorralarle contra la pared, pegando sus pechos, y Bill suspiró cuando volvió a sentir la ruda mano del rapero en su sexo. Cerró los ojos y volvió a concentrarse, esta vez no sólo en su placer sino también en no perder el ritmo con Bushido.

Se masturbaron mutuamente durante minutos, en un silencio sólo roto por los gemidos entrecortados de Bill y los gruñidos de Bushido. A Bill le costaba admitirlo pero el hecho de oír esos gruñidos del rapero en su oído, sabiendo que era su mano lo que los provocaba, le hacía sentirse aún más caliente.

Bill sentía que iba a llegar pronto. Se lo hizo saber a Bushido colocando su mano libre sobre el hombro derecho del rapero y clavando allí sus uñas. Bushido aceleró el ritmo de sus sacudidas y un minuto después Bill alcanzaba el clímax y se corría con fuerza en su mano con un prolongado y agónico suspiro.

El orgasmo le dejó la mente en blanco durante un segundo. Las piernas le temblaron y tuvo que apoyarse un poco más en Bushido.

Aquello se había sentido increíble.

Cuando se recuperó, se dio cuenta de que había parado de masturbar a Bushido. Respiró profundamente para recuperar fuerzas y abrió los ojos, dispuesto a seguir con su tarea, pero el rapero le detuvo cogiéndole suavemente de la muñeca.

—¿Qué…?

Bushido no respondió. Colocó ambas manos en los hombros del cantante y empujó hacia abajo. Desconcertado, Bill no comprendió hasta que la fuerza del rapero le hizo doblar las rodillas y casi caerse.

—¡No…! —exclamó.

—¿No? —preguntó Bushido—. ¿No, qué?

—¡No voy a chupártela!

—¿Por qué no?

Bushido realizó la pregunta con tanta calma e ingenuidad que Bill casi quiso gritar de la frustración.

—¿Cómo que por qué no? ¡Porque no quiero!

—¿Pero por qué no quieres? ¿No te gusta chupar pollas?

—¡No! —Al caer en la cuenta de que esa respuesta podía inducir a pensar que ya había experimentado con ello, se corrigió de inmediato—: Quiero decir… ¡Yo que sé, no lo he hecho nunca!

—Pues ahora es un buen momento para probar. Tranquilo, te juro que nadie se enterará.

Y antes de que Bill, pudiera replicar de nuevo, Bushido atrapó sus labios de nuevo. Le besó con tanta fuerza que Bill se quedó sin aire, pero tenía que reconocer que era una asfixia agradable.

El maldito besaba demasiado bien.

Cuando Bushido se separó, Bill respiró profundamente para recuperar el aliento, sintiéndose un poco mareado. El rapero se aprovechó de ello y volvió a empujarle de los hombros hacia abajo. Bill perdió el equilibrio y acabó de rodillas frente a Bushido.

Miró al frente, hacia la enorme erección que tenía justo frente a su cara. Una mano de Bushido seguía en su hombro, y por un momento Bill temió que el hombre le obligara a la fuerza a meterse aquello en la boca. Alzó la mirada, y vio que Bushido le contemplaba expectante, pero quieto. Comprendió que hasta allí habían llegado. Si Bill seguía adelante, sería decisión suya.

Volvió a mirar la erección de Bushido. El glande estaba un poco mojado por la secreción preseminal. Nunca antes había tenido el sexo de otro hombre tan cerca, y se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que no le producía nada de asco.

Casi de forma inconsciente, volvió a agarrar aquel pene y deslizó la mano suavemente por toda su extensión. Bushido emitió un gruñido que, al igual que minutos antes, fue agradable de escuchar para Bill. Quiso volver a escucharlo. Quería oír a Bushido gruñir y gemir por su causa.

«¿Qué me está pasando…?», se preguntó.

Sabía que estaba actuando de forma irracional. De hecho, llevaba actuando un buen rato de forma irracional. Racionalmente, no debería haber aceptado el ofrecimiento de Bushido de acompañarle a su habitación. No debería haber dejado al rapero dejado entrar en ella. No debería haber permitido que le besara. Ni que le masturbara. Esos pensamientos le evocaron los «no deberías» de David, su productor. «No deberías fumar». «No deberías beber en público». «No deberías actuar de forma amanerada». «No deberías decir según qué en las entrevistas».

En definitiva, no deberías muchas cosas.

Bill ya estaba cansado de la cancioncilla. Y también estaba cansado de tener que ir siempre con pies de plomo, de ser políticamente correcto, de tener que estar siempre alerta a hacer o decir algo que pudiera malinterpretarse y causar problemas al grupo.

Por una vez, quería hacer algo irracional, irresponsable.

Otra gota de líquido preseminal se deslizó por el glande y Bill se quedó mirándola absorto.

A continuación, se inclinó un poco hacia adelante y dio un pequeño lametón.

—Ah… —gimió Bushido con voz ronca, a la vez que la mano en su hombro le daba un apretón.

Bill constató que el líquido no sabía mal. Pero lo mejor había sido el gemido de Bushido.

El muchacho se decidió y envolvió con sus labios la punta del miembro del rapero. Avanzó un poco hacia delante y luego volvió a la punta. No podía abarcar mucho, pero a juzgar por los sonidos que oía y el agarre de su hombro, era suficiente.

«No me puedo creer que esté haciendo esto…»

Y sin embargó, continuó haciendo eso mismo, cada vez abarcando un poco más. Era una sensación rara, el tener el sexo duro y caliente de otro hombre llenando su cavidad bucal, pero también… excitante. Bill tenía que reconocerlo, ya que él mismo estaba otra vez medio erecto.

Casi sin darse cuenta, ya había alcanzado un buen ritmo. En un momento dado, la mano de Bushido que estaba en su hombro pasó a agarrarle del cabello, pero sin tirar de él, tan sólo guiándole suavemente. A Bill, que le gustaba tener el control sobre todo, por un momento quiso revelarse, pero al final lo dejó estar. La otra mano del rapero estaba apoyada en la pared.

—Para —dijo Bushido al cabo de unos pocos minutos, y tiró un poco de él hacia atrás.

Bill se apartó. Sus labios estaban más húmedos e hinchados que antes, y la mandíbula le dolía un poco. Observó cómo Bushido se masturbaba delante de su cara. Alzó la vista justo a tiempo para ver la expresión del rapero mientras se corría, con la cabeza un poco echada hacia atrás y los labios entreabiertos.

Tras unos instantes en que todo permaneció quieto y en silencio, Bushido dio un paso atrás y empezó a abrocharse los pantalones.

Bill se levantó despacio, también abrochándose los pantalones e intentando disimuladamente que la tela ocultara su segunda erección de la noche. No quería que Bushido supiera que el mamársela le había gustado hasta tal punto.

—No ha estado nada mal —dijo Bushido rompiendo el silencio, sonriendo—. Al menos para ser tu primera vez.

El tono condescendiente del rapero ofendió a Bill.

—Por la manera en que gemías, yo diría que lo he hecho muy bien —replicó.

—No soportas ser mediocre en nada, ¿eh, pequeña diva?

—No me llames así —siseó Bill.

—Va, no te enfades. —Bushido se adelantó de nuevo y plantó un corto pero intenso beso en los labios del cantante—. Es cierto, lo has hecho muy bien.

Entre el beso y el ahora tierno tono de Bushido, Bill no pudo evitar sonrojarse.

Bushido empezó a dirigirse hacia la puerta de la habitación, lo que hizo que Bill sintiera un extraño desasosiego.

—¿Ya te vas? —preguntó.

—Sí. Tengo que volver a la fiesta antes de que alguien me eche en falta. —Bushido seguía sonriendo—. Pero si quieres seguir practicando, llámame. Aunque te advierto que, si hay próxima vez, no me conformaré sólo con una mamada.

Bill tragó saliva, consciente de la indirecta del rapero.

—Ni lo sueñes… —murmuró el muchacho, aunque su voz no sonó tan firme como pretendía.

—Oh, me temo que sí voy a soñar con ello muchas veces, especialmente después de lo de hoy.

Bill se ruborizó más intensamente.

—Adiós, Bill. Ya nos veremos.

Bushido salió de la habitación sin darle tiempo a Bill a despedirse. El muchacho se quedó mirando la puerta cerrada durante unos segundos antes de que instintivamente sus pies le dirigieran al cuarto de baño.

En el espejo pudo comprobar que estaba rojo como la grana, y encima iba despeinado con la coleta medio deshecha. Tenía los labios inflamados y la mandíbula le seguía doliendo.

Sabía que había hecho una gran locura. Una que ni siquiera podría contar a Tom, y de la que seguramente se arrepentiría tarde o temprano.

Y, sin embargo, una gran sonrisa empezó a formarse lentamente en sus labios.

De momento, no se arrepentía en absoluto.

Es más, empezó a pensar en cómo conseguir el número de Bushido.

F I N

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